Las segundas en Peñasco

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En recientes fechas la gente en Peñasco comenzó a poner sus carpas en la entrada de sus respectivos domicilios para intentar deshacerse de las cosas que les sobraban. La cultura de la “segunda mano” está bastante arraigada entre la población. Tanto así que inclusive ha gente que se dedica a vender “segunda” por oficio. Van a Arizona y se cargan las cosas que los americanos ya no quieren y se las traen en algún remolque para intentar venderlas a los peñasquenses a un precio no tan elevando.

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Cornejos en Peñasco

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Es difícil considerar que nuestra decisión de habernos mudado a Peñasco haya sido acertada. Supongo que no lo sabré hasta que nuestro ciclo de estancia en la ciudad cierre del todo y nos tengamos que mudar a otra ciudad con mayores oportunidades laborales. En principio, cada que me preguntan la razón por la que cual dejamos todo en la Ciudad de México para venirnos para acá siempre respondo -nos dijeron que había trabajo- y no me malinterpreten, en verdad hay mucho trabajo, sólo que no es la clase de trabajo para la que yo estoy calificado.

Las lógicas laborales en la ciudad de Peñasco son un tanto diferentes a las que se manejan en la ciudad, aunque ¿Quién podría decir lo contrario? Igual y así se maneja en todos lados. Lo que puedo decir es que, en las ocasiones en las que me presenté a entrevista de trabajo en la ciudad, normalmente solían tomar más en cuenta mis aptitudes profesionales y mi historial académico por encima de mi apellido y la persona que me recomendara. La misma lógica que aplica en la mayoría de las zonas medianamente urbanizadas del interior de la república que se resisten a dejar sus costumbres tradicionales. Verán, aquí cuenta mucho el apellido con el que naciste. Al parecer los “Munro”, los “Pivac, tienen una determinada presencia en el puerto, quizá eso se deba a que la mayoría de las veces están ligado a la clase política o intelectual del puerto. En el tiempo que llevo aquí no he acabado de identificar cuáles son los apellidos de mayor peso, pero sin duda esa es la clase de sintonía en la que nos hemos movido.

Hay una franquicia de panaderías locales que llevan por nombre Panadería “Cornejo” ¿Quién lo iba a adivinar? En este lugar mi apellido existe y está ligado con otra cosa que no sean los nefastos cursos de coaching de Miguel Ángel Cornejo. Siempre me pregunté si en algún lugar, que no fuera en la Tierra Caliente, mi apellido tendría algún peso relevante u ¡Miren! Al menos estoy relacionado a la repostería local. Ignoraba la razón por la que esa panadería lleve ese nombre, pero al parecer también le pertenece a un migrante, proveniente de Zacatecas. El caso es que la panadería fue fundada por Jesús María Cornejo González en 1963. Con el tiempo el negocio pasó a manos de su hijo Guadalupe Cornejo Torres. De hecho, tienen una cuenta de Instagram, los pueden seguir bajo el nombre: @panaderiacornejo

Estoy dando clases en una secundaria en donde me encontré una alumnita que también lleva mi apellido. Sus amigas decían que no le gustaba que le llamaran por su apellido. Le pregunté el porqué pero no me quiso decir. Cuando se enteró que yo también me apellidaba así le dio risa. El otro día sus amigas me preguntaron si tenía alguna relación con ella. Con el afán de no molestar les dije que sí, que era mi sobrina y todos echaron a reír. Desde entonces vigilo que no le hagan bullying ni le pongan sobrenombres. Me alegra estar más ligado a la gente común del pueblo.

Memoria Dislocada

Creo que desde el 2012 ya nadie lee estos blogs, mejor para mí, de esa forma puedo guardar un registro semipúblico de mi paso por el mundo sin tanto temor de ser exhibido en redes. Quizá podrían pensar que es un arma de doble filo, pero hoy en día ¿Qué no lo es? Si alguien te quisiera hacer daño, haría falta que se dedicara a escarbar un poco en tu pasado y seguro encontrará algo de especial relevancia para un público sensible a determinado contenido.

¿Por qué comienzo mis palabras de ese modo? ¿Me curo en salud? Puede ser. Por eso, de vez en cuando suelo migrar hacia otros horizontes digitales. Muchos de ustedes me habrán conocido bajo el nombre de “Juan Alfonso Levi”, algo que posteriormente tuvo que evolucionar a otro perfil con mi nombre original debido a compromisos profesionales. Entré a la maestría y luego al doctorado, ahora puedo ser reconocido en el ámbito profesional como Dr. Mario Cornejo. Una alumnita me preguntó que “¿Qué significa estudiar un doctorado?” Le dije que es el grado más alto de estudios que una persona puede alcanzar. Pero ¿Saben? Siento que a partir de aquí todo va en declive. Me ha dejado de importar mi presentación personal, sinceramente ya no tengo nada que demostrarle a nadie. Normalmente es en este nivel cuando mi subconsciente me invita a “migrar” de alguna forma.

Soy un migrante en todo aspecto y no es algo que pueda controlar del todo. He notado un patrón en mi conducta: Una vez que me siento instalado en una “zona de confort” tiendo a sabotear todo para salir de ella. No sé si es algo inconsciente. Pero creo que ahora sí me he metido en un aprieto bastante difícil de escapar. A pesar de todo, intento cerrar ciclos a como dé lugar. Disfruto entrar en contradicción con mi “yoes” de otros tiempos, pero me irrita cuando alguien más me lo echa en cara, tipo: “cómo es que ahora escuchas trap si antes no salías de tus bandas británicas”. ¡Sí, animal! ¿Y a ti qué te importa?

Pero dirán “cambiar de opinión, cambiar de gustos, inclusive cambiar en un sentido temporal” no podría ser considerado “migración” más que en un sentido metafórico, nadie dice “las horas migraron de un día para otro” más que en una composición poética. Pareciera que la “migración” atiende a un sentido estrictamente espacial. ¿Qué dice el diccionario al respecto del término “migración”? Según el DRAE “Trasladarse desde el lugar en que se habita a otro diferente.” Entonces, como buen representante de mi gremio podría afirmar “dependerá de lo que comprendamos por “lugar” o “porción de espacio”. Migrar es cambiar de una porción de espacio a otro”. Pero en el mismo diccionario existen múltiples entradas de la misma palabra, por lo que será menester echar un ojo del término original en latín: “LOCALIS ‘local, del lugar’, derivo de locālis ‘lugar’ de donde se derivan palabras como DERIV. Lugarejo, Lugareño, localidad; localismo; localizar, localización. Locativo. Dislocar, ‘sacar de su lugar’; dislocación, etc. De allí que llamara a esta entrada “memoria dislocada” es decir “sacada de contexto”. Pero en fin, si no fuera suficiente argumentación para demostrar mi calidad como migrante, sólo puedo decir que ya casi cumplo un año de haberme mudado de la Ciudad de México a Puerto Peñasco, Sonora, y “Sanseacabó”. Como si alguien todavía se molestara en leer estos blogs, aquí sigo yo peleándome con un muñeco de paja…

Lo que la pandemia se llevó

Debo admitir que una de las primeras cosas que resultaron prescindibles durante la pandemia fueron las humanidades, las artes y las ciencias sociales. No pareciera un panorama del todo consolador para un estudiante de Antropología filosófica, ya de por sí, venido a menos ¿Pero a alguien tiene la certeza de que estas disciplinas no fueran prescindibles desde antes?  Sobre todo, para los de corazón tecnócrata (aunque suene oxímoron). Quizá, pensarán, depende de quién lo señale y la perspectiva que tome, o quizá, distinguir lo prescindible de lo imprescindible tiene un sesgo también utilitario. Sigue leyendo

Queda tu música: Aute

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Guardas por años –en un rincón de la mente– todas esas cosas que ya no calzan y un simple chispazo las ilumina. Las observas de reojo y todo se viene de golpe. Los sentimientos de ridícula inmadurez, cuando optaste por una profesión sin futuro, en un mundo desangelado, pero que saca lo mejor de ti. Sigue leyendo

Admiración y recelo

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Jueves, 31 de octubre 2019

Resulta algunas veces desconsolador, para el etnógrafo regular, verse sujeto a las inclemencias onerosas del paso del tiempo. Por ello no es raro encontrar en sus registros la rica disposición a embellecer sus palabras para, al menos, dejar un cadáver joven y bello; aunque signifique entregarse a las inclemencias del crítico quien, también inclemente, juzga sus irremediables conclusiones –como extremidades necesarias de un producto discreto, inserto en un devenir continuo e incesante– como “insípidas” o “sobrecondimentadas”, de acuerdo a los estándares de la moral y el estilo. Seguido de ello, no es extraño encontrar conclusiones estigmatizadas y tildarlas de “producto de su tiempo”. No obstante, a pesar de su incómodo trasfondo, omitir este detalle implicaría esconder un importante momento de nuestra historia, que más que temporal se ha vuelto constitutivo de nuestra identidad. Lo mejor, creo yo, es asumirlo y seguir adelante con admiración, pero sin perder cierto recelo. Sigue leyendo

Mindhunter: Las peripecias de ‘enfrentarse al abismo’

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Por segunda vez he escuchado el primer capítulo del ‘Foratero Misterioso’ consagrado al culto a los asesinos seriales. Con este programa, su titular, Alejandro Hosne, debuta en la plataforma Convoy. El género cinematográfico de asesinos seriales ha sido muy explotado masivamente en las últimas décadas, hasta incursionar en televisión y servicios de streaming como Netflix. El programa continúa en una segunda entrega, pero esta vez dedicada a la obra literaria de Jim Thompson. Sigue leyendo

Máscara del narco: Reseña a “Los cárteles no existen: Nacotráfico y cultura en México” de Oswaldo Zavala

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Le debo a Oswaldo Zavala una de las definiciones más breves, pero no por ello menos certeras, para la palabra “narcotráfico”: empresa paraestatal clandestina. Quizá sólo le faltaría el carácter “trasnacional” si ello no implicara una contradicción o como mínimo una paradoja que se deba explicar con vehemencia y preferiblemente con la misma brevedad. ¿Cómo puede ser trasnacional y al mismo tiempo paraestatal? Pues todo dependerá de lo que entendamos por “Estado”, algo que por supuesto se aleja mucho de los que una vez fueron los modernos Estados-Nación de principios del siglo XIX. Sigue leyendo

Primeras impresiones en torno al texto de Bihalji-Merin «Great Mask»: el animismo en Tylor

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El primer capítulo de Great Masks se enfoca en las primeras intuiciones que Bihalji-Merin esboza en torno a la función de la máscara. Aunque su opinión es certera, carece de una concepción analítica que pueda distinguir su objeto de estudio según su contexto del cual se desprende. Especula al respecto de su función animista y totemista, no obstante, pareciera que ambas funciones son puestas en el “saco de la diversidad cultural”. Además, no pareciera diferenciar uno de otro, o como si uno fuera consecuencia directa del otro, en vez poseer sus propias condiciones ontológicas.

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Oto Bihalji-Merin: el serbio vagabundo

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Por razones que aun escapan a mi entender, cuatro de los libros que yo consideraba importantes en torno a la máscara terminaron almacenados por cerca de mes y medio en las oficinas postales de la ciudad de Chilpancingo. Sin dejar que eso me impidiera terminar mi investigación, tuve que prescindir de ellos. Pero ahora que han caído en mis manos y cuento con el tiempo para poder revisarlos quisiera hacer una revisión pormenorizada de su contenido comenzando con el más antiguo: un ejemplar descatalogado de Great Masks, del autor yugoslavo Oto Bihalji-Merin.

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